miércoles, 24 de mayo de 2017

Ave Fénix



Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna.

...Como le sucedió a mi alma, lo que soy, la que soy... Me llevó más de tres días elaborar un nido, pero lo hice.

Las especias elegidas no fueron de origen vegetal, fueron de origen estelar, de polvo de estrellas, de polvo de tierra, de polvo eres y al polvo vuelves.
Somos polvo de estrellas, materia que flota compacta alrededor de un alma, por eso mi nido estuvo hecho de bellas personas que me dieron calor y luz. También lo entrelacé con hebras de un telar intangible y colorido que hizo trama conmigo y me sostuvo para que no me caiga, entre sus lazos descubrí mi propia hebra de luz.

El ritmo de trabajo fue abonado por los acordes de un piano que me recordó mi sonido personal, volví a escuchar mi propia voz cantando, cobijada por las alas de una hermosa cascada transparente.
Y mientras tejía mi nido, alrededor crecían mis flores, mis bellas flores fruto de mi propio polen transportado. Dos bellas especies aromáticas que perfuman mi vida desde que llegaron a ella.
Y hubo polvo de tierra, de suelo firme donde apoyarme, de miradas serenas y fuertes reflexiones, de apoyo incondicional.
Cuando todo estuvo listo puse mi huevo compuesto por cientos de palabras escritas, por miradas de niños y niñas, pequeñas supernovas incadescentes.
En su interior se cobijó mi alma y la niña que fui. Aletargada en la tarea de empollar para estallar fui consumiendo uno a uno mis miedos, dolores, heridas, rencores, juicios y prejuicios, desconfianza, desvalorizaciones y excesos hasta prenderme fuego y arder desmembrada en cenizas.
Creí que era todo, que ya no quedaba más, que moría... ¡Y en el momento exacto del último suspiro me encendí en llamas!
Largas lenguas de fuego quemando en mis entrañas me obligaron a tensarme y flamear con la ondulación de las salamadras que bailaban alrededor. En un instante perfecto, mis brazos se extendieron y mis alas flameantes se estiraron en toda su maravillosa extensión y renací de mis cenizas, nueva, fulgurante y refulgente, ardiendo nuevamente en mi propia flama.
Dicen que las lágrimas del Fénix curan cualquier herida, también que poseen una fuerza sobrenatural.
Yo sólo sé que de ahora en más habita en el centro de mi espalda para que recuerde que a veces hay que romperse para descubrir qué guardábamos dentro.





martes, 25 de abril de 2017

Cincuenta años que puedo decir, son sincuenta.

Cuando cumplí los 50, como creo le sucede a la mayoría de las personas me sentí un tanto extraña, meditativa.
Podía decir:
- Viví medio siglo, o, he vivido un lustro, o, seguramente ya viví la mitad de mi vida. (Eso si me considero longeva y pienso llegar a los cien)
Y sin embargo y aún así el tiempo me resulta totalmente relativo, la mayoría de las veces me siento con muchos años menos, casi les diría ágil.
Otras veces, las menos, me siento mucho más grande, son esos días en los que el peso de algunos  momentos vividos deberían ser olvidables porque toman casi por completo nuestros recuerdos.
Y sin embargo, tan relativo es el tiempo, que en un mismo día puedo sentirme joven, inquieta, divertida y al rato cansada, agobiada, apesadumbrada por lo transcurrido.
Para sumar reflexión al tema, además está el espejo, ese trozo de cristal que también modifica nuestra imagen según nuestra propia mirada. Y también las fotos y los niños que hoy son hombres y mujeres y nuestros hijos y...

Pero lo más insólito me ocurre cada vez que llevo adelante un proyecto, allí los cincuenta y tres años que tengo parecen dividirse en dos, entonces tengo veintiseis y medio por un lado y veintiseis y medio por el otro.
Ambos trabajan a la par. Unos aportando lo fresco, lo que se renueva, lo creativo, lo novedoso, lo energético, lo audaz y los otros aportando la experiencia, la madurez, el aplomo, el saber hacer, lo recorrido.
Entre ambos entretejen nuevos senderos para los viejos objetivos y los desando degustando cada vez nuevos aprendizajes. Gloriosos momentos de renovada madurez, hermosas experiencias que me recuerdan quien soy y a qué he venido, increíbles aventuras que escribo con mi sangre y guardo en mi ADN, maravillosas gestas que embarcan a mis seres especiales conmigo, legado que entrego a mis hijas y a aquellos que ojalá inspire en esta vida.
Ciertamente transito la década de los cincuenta pero mucho más ciertamente los transito sincuenta.


lunes, 10 de abril de 2017

Bailarina silenciosa, baila en el silencio de tu alma herida...


En el silencio más profundo de sólo el batir de alas, sutiles alas, translúcidas alas, iluminadas alas, dolorosas alas, efímeras alas... Bailan.

Cuando nace una mariposa debe romper su capullo con la fuerza de sus alas, sólo de ese modo se garantizará su fortaleza para volar. Ni antes, ni después, en ese instante profundo y potente destroza su mundo conocido para abrirse a uno que desconoce e irrumpe a su alrededor.
En ese instante en algunos otros miles de espacios otras miles de mariposas atraviesan el mismo proceso... Y sin embargo son todas tan distintas y tan iguales, y sin embargo se desconocen y reconocen instintivamente.
A las mujeres mariposa nos sucede algo similar, lo extraño es que no a todas nos ocurre en el mismo período, ni tenemos un ritmo exacto para que pase, depende mucho de cómo armamos nuestro capullo, con qué herramientas, cuán grueso o delgado, cuan resistente o frágil es.
Sin embargo una vez que hemos destrozado nuestra envoltura, somos. Y ser nos conduce a encontrarnos y a acompasarnos, mecernos, danzar y volar juntas.
Las mariposas bailarinas estamos esparcidas por doquier pero cuando suena la sinfonía de los inmensos, intensos silencios, bailamos en el viento.
Y somos una, sí una, como la ola que se mece y se esparce o que irrumpe, rompe y orada la roca.
Una más, otra mujer mariposa, bailarina, silenciosa se ha sumado a una nueva nube de mariposas intangibles que desde su colonia inspiran el recorrido de las que aún permenecen aquí, en la tierra. Y aunque fue brutalmente detenida en su vuelo y le hayan arrancado las alas, seguirá bailando silenciosamente a nuestro lado.
Y su silencio ahora permanente encenderá nuestras gargantas, iluminará aún más nuestras alas y reforzará nuestra coreografía inédita cada vez, así vivirá en cada mariposa que destelle a la luz del sol, así seguiremos siendo UNA.

jueves, 16 de marzo de 2017

Cumplir un sueño

¿Cuál sería la receta para cumplir un sueño?, tú sueño.
Quién lo sabe que comparta, que socialice, que transmita y propague el recorrido a seguir.
Para mí podría ser una mezcla más o menos así.

INGREDIENTES

1 cucharada de infancia.
1 pizca de inquietud para conservar despierta la atención.
2 litros de lágrimas derramadas sólo por la emoción.
1 kilo de imaginación.
Coraje a granel.
1 taza de claridad para matenerlo iluminado.
3 manojos de convicción.
1/2 kilo de perseverancia.
1/2 kilo de desfachatez.

INSTRUCCIONES PARA SU PREPARACIÓN

Coloque los 2 litros de lágrimas derramadas en un cuenco sonoro, incorporar suavemente el kilo de imaginación, la cucharada de infancia, el medio kilo de desfachatez y la pizca de inquietud. Revuelva en forma envolvente con mucha suavidad hasta lograr una consistencia espumosa y liviana.
Para equilibrar la mezcla agregue cuidadosamente medio kilo de perseverancia e inmediatamente los 3 manojos de convicción para evitar que la duda arruine el preparado.
Por último vuélquela en un recipiente de cristal apto para horno, cubra con la taza de claridad y espolvoree con coraje a granel. Coloque en horno de barro para que se cueza en la madre tierra con aroma a planeta.
Cuando haya crecido lo suficiente, (la medida y altura de su sueño es absolutamente personal), deje entibiar hasta que la temperatura al tacto sea cálida y agradable, desmolde y compártalo al mundo.

Para cumplir mi sueño tuve que dejarme ser...


martes, 21 de febrero de 2017

¿Quién soy?

Hoy no debería escribir, o al menos no para todos , o quizás si...

Ayer me sentí feliz recuperando recuerdos, raíces, molduras que estaban ocultas bajo un manto de olvido o no puedo, porque de pronto volvieron a mí y pude no solo recordarlas, sino revivirlas al compás de alguna vieja gaita gallega. 
Me dí cuenta que muchas veces sumergimos en el olvido experiencias poderosas de nuestro pasado, o será que los años que nos quitan la vista en definitiva nos aclaran la visión de las cosas y nos permiten ver cuántos buenos momentos atesoramos en el alma.
La alegría que emociona y hace llorar, esa que te conecta con lo potente de la juventud en la que no existen no puedo cuando el deseo embarga y trasciende los obstáculos. Inmediatamente irrumpe la pregunta ¿Porqué no me dí cuenta de los intensos destellos felices?, las respuestas son tantas como individuos la enuncien.
Descubrir quienes somos no siempre nos resulta posible, ¡tanto afán puesto en quienes queremos ser!, entonces irrumpe otra pregunta, ¿Quienes queremos ser, para nosotros o para ese otro que nos mira?. Muchas dibujaremos la respuesta, le pondremos filigranas doradas para que pase desapercibido que la mayoría de las veces queremos ser para otros, para ser aceptados o valorados o amados.
Lo más difícil sucede cuando quien una es en realidad pulsa por salir, por aparecer, por romper esa cáscara en la que nos envolvemos para parecernos a la imagen que queremos mostrar. Allí nos sentimos en peligro, tambalea nuestro sostenido equilibrio sustentado en ilusiones superpuestas unas sobre otras, todo por entregarnos al deseo del otro. 
Y un día ese otro se corre, o desaparece o enfoca su mirada hacia otra parte y la capa protectora de nuestra cáscara se resquebraja dejándonos a solas con nuestra carcasa a cuestas.
Y es en ese entonces cuando te sientes desnuda, desprotejida y desorientada porque quien una es en realidad empieza a salirse por cada grieta y a corporizarse delante tuyo y aunque esquives la mirada tu ser se vuelve omnipresente y está en todos lados, en todos tus gestos, en todos tus recuerdos obturados, en todos tus saberes adquiridos, en todo el reflejo que te devuelve el espejo. Ahí, justo ahí es donde debes decidir si te fundes con tu verdadero ser o eliges volver a construir una carcasa para alguna otra mirada externa.
Muchas veces las peores situaciones de tu vida terminan siendo las más grandes oportunidades de retornar a tu fuente, si te animas la vida te lleva por el camino de tus vivencias constructivas y te descubres disfrutando de guardados placeres, dejas de gozar el sacrificio en pos de y comienzas a vivir tu vida. 
Por supuesto que nadie te garantiza que no haya sinsabores en el nuevo sendero, pero ya no le temes a mirar hacia atrás, porque comienzas a utilizar ese dolor como motor de lo contrario, y no es rencor, es claridad de lo que fracasó y no fue ni será ofreciéndote la oportunidad de hacerlo de otra manera.
Pero obviamente esa es una elección que deberás enfrentar tú sola.

sábado, 4 de febrero de 2017

Como la marea.

Horas sentada frente al mar, la mirada perdida en su cadencia, a veces suave, a veces envolvente, a veces bravía. Pensaba en su inmensidad, en su color, en su olor, en su imponente presencia, y hoy recordándolo se me antojó que el mar es como el reflejo de cada alma que lo observa, unas veces de agua cristalina por su manso tránsito entre la inmensidad y la playa como borde, otras veces translúcido revolcando arena y otros restos de su propio suelo y algunas veces opaco y arenoso por la furia con la que rompe el borde de su playa arrastrando cual lastre todo su pasado de rocas, seres y caracolas.
¿Será por eso que me quedo suspendida en el tiempo mirando el mar? ¿Será que cada día intento descubrir en él los sentires que me refleja?.
Como con la marea también mi mar interior trae y lleva, trae y lleva, trae y lleva, trae y lleva, trae y lleva.
Así sucesivamente recorro los más recónditos espacios de mi alma. He descubierto que a través de los años y mi crecimiento personal cuando trae por ejemplo recuerdos tristes del pasado los trae cada vez más pequeños, más pulidos, como las conchillas rotas, pero cuando los recuerdos son felices el pulido resalta el nácar que conservan dentro y brillan a la luz del sol. Y ¡guarda cuando arrastra lastre! esos días mi marea arrasa con playa y todo en una confusión de arena, conchillas, algas y otros componentes indescriptibles, pero como la marea, mi alma, cada vez que irrumpe cuando se retira deja lo que sobra, rompe lo que había avanzado demasiado cerca de la costa y vuelve a su plácido movimiento acunador.
Será por eso que cada vez que voy al mar me traigo esos restos de caracolas pulidas y nacaradas, porque amo rescatar restos de mi pasado feliz.
Será por eso que siempre les dije a mis hijas que esos eran amuletos que nos regalaba el mar, porque en realidad no soy yo la que los rescata de la playa, son ellos que me rescatan de la nostalgia.

martes, 10 de enero de 2017

Los espejos del alma

Cuando leí Alicia a través del espejo era pequeña y creí en ese momento que se trataba de una niña que miraba un espejo y observaba como la imagen de lo cotidiano en el marco dorado parecía desconocido, adquiriendo otros tintes, otras lateralidades, otras dimensiones. Como si las figuras que allí aparecían les fueran ajenas o distintas a lo que se veía de este lado.
Hoy me encuentro con espejos cotidianamente que reflejan en el accionar de otros aquellas cosas que no quiero ver, aquellas actitudes que me molestan, incomodan, desagradan porque son "del otro", pero como Alicia en el espejo,  termino descubriendo que eso tan desagradable, tan ajeno a mí, tan diferente no son más que reflejos de mi propio yo resistiéndose a ver que allí donde está lo que molesta es justamente donde hay algo que revisar, mirar con mayor cuidado, replantear y recién entonces decidir qué tan diferentes queremos ver la vida. También existen falsos espejos, como los que había hace años en algunas ferias de juegos, alerta, distorsionan. A través de ellos podrás llegar a creer que tu sonrisa es sincera, o que quien te acompaña tiene amor en la mirada, o que tu ropa de marca te hace elegante, o quizás te veas simplemente buena, fea, gorda, delgada, exitosa, fracasada. Alerta, hay que mirar bien, sólo tus ojos internos pueden descubrir el artilugio.
Será por eso que dicen que los ojos son los espejos del alma, cuando te permites adentrarte en esa mirada descubres muchas cosas no dichas, como si los ojos espejaran de adentro para afuera.
El alma no puede mentir, se muestra a sí misma tal cual es y los ojos le permiten pasar por allí, pero son nuestros ojos, los que los miran, los que muchas veces eligen nublarse, cubrir con un velo lo que se anuncia por esas cuencas opacas o brillosas y es ahí cuando lo que vemos no es lo que es. Entonces, como Alicia, transitamos un mundo disparatado, donde nos perdemos en la forma de mirar el mundo de otros. Y lo peor es que no es un mundo de maravillas, es un mundo donde el dolor y la crueldad también conviven, donde la eterna lucha entre el bien y el mal perdura, donde la codicia y la hipocresía juegan a pasearse por bellos jardines, y la soberbia enceguece a quien duda de sí mismo.
Estar alerta para mí significa estar despiertos, atentos, sensibles, perceptivos a que la vida no es sólo lo que vemos ni lo que queremos ver, la vida es lo que hacemos de cada momento y no importa cómo se refleje en el más fino espejo...