martes, 8 de agosto de 2023

El proceso del águila.

 Parece una mañana cualquiera, estoy sentada en la mesa de un bar. Café cortado en mano ojeando mi celular me llega una publicación sobre las águilas y su proceso de renovación a sus 40 años. Proceso intenso, doloroso, que las lleva a refugiarse a solas en un lugar lejano. Cuenta el video que inician un proceso en el que deben arrancarse una a una las viejas plumas, renuevan sus garras y se les cae el pico para dar lugar a uno nuevo con la curvatura adecuada para poder volver a comer.

Durante 6 meses atraviesan esta transformación dolorosa, ardua, en la que concienzudamente trabajan para renovar fuerzas y dirigirse hacia sus próximos vuelos que serán menos, pues han transitado más de la mitad de sus vidas. Pero serán plenos en sabiduría y estrategias para las experiencias por venir.

Mientras escribo pienso en el ave fénix, ese glorioso animal quizás mítico, quizás real, que habita la literatura fantástica. La reflexión me lleva a resignificar estos procesos en los cuales una se enfrenta a sus propios finales para encarar sus otros inicios. Reiniciarse no es tarea para cualquiera, no lo es, es una epopeya que sólo los valientes podrán librar. No es sin miedo, sin dolor, sin angustia o sin pérdidas. Porque creo que la valentía en este caso se halla en la capacidad de enfrentarse a nuestros propios pesos. Aquellas plumas que otrora nos permitían volar en otros momentos de nuestra vida se han vuelto tan pesadas que hoy no nos dejan levantar el vuelo, pero en nuestro interior sabemos que, si podemos tomarnos un tiempo para "desplumarnos", aparecerá el nuevo plumaje, suave, lozano, brillante que nos acompañará en todos y cada uno de los últimos planeos que decidamos alzar.

Recuerdo entonces que hace ya unos años me tatué un fénix en el centro de la espalda allí en plena columna vertebral.  Pienso porqué lo hice en donde no puedo verlo y considero que fue para no olvidarme que aún aquello que no vemos habla de nosotros.

Quizás para recordar que no sólo somos lo que vemos frente al espejo y que de tanto en tanto hay que buscar el modo de mirarnos por detrás.  Me quedo pensando que el detrás es tan importante como el delante...

Creo que hoy a los casi 60 elijo iniciar el proceso del águila y que pronto mi fénix resurgirá de las cenizas para regocijarse en un vuelo rasante con una renovada águila personal.

Quizás sea mi nuevo tatuaje, aunque los verdaderos los llevo puestos y son invisibles para la humanidad, y es que en ocasiones me gusta sacarlos a relucir.

Si un día de estos ven grabadas en mi piel unas gloriosas alas de águila ya saben de qué se trata.

miércoles, 24 de mayo de 2023

ORLINDA, una mujer, una fortaleza.

 PALABRAS PARA LA TÍA ORLINDA (22/08/1930 - 23/05/2023) 


ORLINDA fue una mujer nido, una mujer en la que resultaba apacible acurrucarse ya que con ella siempre encontrabas abrigo, calor, protección y alimento, para tu panza o para tu alma.

ORLINDA fue también una mujer dragón, una mujer fuerte y poderosa que podía desplegar sus alas para alzar el vuelo, sobre todo cuando se trataba de proteger a la familia. ¡Ay quien osara lastimar a los suyos!, conocería inexorablemente el fuego de su coraje.

ORLINDA fue una mujer abeja, laboriosamente realizaba todas las tareas que asumía, incansable y tenaz. Prolija y efectiva

ORLINDA FUE una mujer mariposa, parecería frágil ante la mirada de alguien que no la viera en realidad, pero la quitina de sus alas y el valor ante los cambios de su vida la vieron y la verán levantar vuelo una y otra y otra vez.

ORLINDA fue una mujer oreja, su capacidad de escucha era infinita y su palabra precisa, amorosa a la hora de consolar y honesta a la hora de decir aquello que debía expresar.

ORLINDA tenía convicciones claras y supo amorosamente ponernos límites si creía que estábamos perdiendo el rumbo. Fue el amor en todas las expresiones, fue dura cuando tuvo que serlo, fiel hasta el último suspiro, franca, aunque doliera. La vida le puso incontables adversidades y pérdidas y a todas les hizo frente con una entereza que nos queda como legado.

Hoy al fin nos ha dejado de este lado de la vida para atravesar el portal hacia otro plano, allí seguramente estará de reencuentros. Aquí lloraremos su ausencia, pero SIEMPRE, SIEMPRE FESTEJAREMOS SU VIDA.



jueves, 26 de agosto de 2021

Cuando caigan las últimas hojas de mi árbol…

 Cuando caen las hojas de los árboles solemos pensar, se aproxima el otoño, esa estación en la que la naturaleza comienza a adormecerse, a apaciguarse, a retraer la energía para enfrentar el invierno, la época en la que todo lo cálido se extingue para volver a la mínima expresión y desde allí aguardar el momento de retoñar.

Los árboles parecen poseer muchísima sabiduría sobre este proceso y los he observado cantidad de veces transitar este pasaje con una eficacia sublime. Cada cual con sus modos de desandar la vida parecen estar allí intentando que comprendamos algo de este circuito vital, se esfuerzan en mostrarnos a lo largo de los años cómo desandar este inexorable recorrido que se repite ciclo a ciclo. Ya casi son 58 los que he retoñado como ellos lo hacen, y en este retoñar, regresar, despertar cada año a mis propias primaveras seguramente mi cuerpo tal cual el tronco de cada especie ha ido sufriendo modificaciones, un nudo aquí, una hendija allá, algunas motas más oscuras en la superficie rugosa de la corteza, alguna arruga en la piel.

Y en este juego de saberme humana y sentirme árbol hoy me he sentado a mirar a mi alrededor intentando descubrir que tan lejos han llegado mis semillas, en que nuevos retoños me reconozco aunque sea un poquito, cómo son aquellos que han crecido al amparo de mis ramas, de la copa de mis pensamientos y las caricias de mis hojas.

Si el árbol supo dejar que caigan las hojas de sus ramas, supo apaciguarse y retraer su energía vital en cada otoño, descubre rápidamente que a su entorno han brotado nuevos árboles, que de algún modo pertenecen a su especie pero que no son iguales, son diversos en color, altura, grosor, formato de copa, cantidad de hojas… Y sin embargo juntos son bosque, son arboleda.

Me gusta pensar que algo de mí queda en los otros, algo de mi savia, de mi sombra, de mi cobijo. Me gusta pensar que he echado raíces pero que mis ramas siempre han apuntado al cielo, no sólo con la esperanza de llegar más alto sino también con el propósito de que a alguien le sirva de excusa para levantar la vista y observar hacia arriba. Me gusta imaginar que mis raíces irán poniéndose añejas y serán un espacio posible para que pequeños pies practiquen el equilibrio de caminar sobre ellas como solía hacerlo yo misma de pequeña en el ombú centenario de la plaza Martín Fierro.

Y cuando mis hojas caigan por última vez sueño convertirme en abono para enriquecer el suelo en el que otros árboles, otras vidas desandarán sus propias estaciones.

 

Maruxa

Escribir es traer al papel aquello que vive en tu imaginación

Escribir es traer al papel aquello que vive en tu imaginación, encontré esta frase entre mis decenas de anotaciones que aguardan seguir creciendo en trozos de papel, cuadernos empezados, Word de la notebook, y hasta en el block de notas del celular.

Cada vez que me reencuentro con alguna idea que había escrito se produce una extraña alquimia, es como si ese pensamiento pasado cobrara vida presente y disparara la posibilidad de gestarle un futuro. Ciertamente me sorprendo a mi misma trayendo nuevamente al papel aquello que había quedado archivado en algún sector de mi mente, como si mi imaginación tuviera un inmenso archivero lleno de pequeños cajones en los que se guardan párrafos de historias, lugares inhabitados, personajes llenos de polvo, ideas varias y frases que aspiran a convertirse en célebres pensamientos.

Cada escritor o escritora tiene su propio recorrido, sus propios rituales y sus propias fuentes de inspiración y que maravilloso es que haya tantos modos como escribientes. Cuántas veces me ha sucedido escribir un texto y no leerlo por mucho tiempo por diferentes motivos y de pronto al abrir un cuaderno viejo o una impresión que estaba guardada en un cajón me encuentro con aquellas palabras ordenadas en una oración, de un modo, con una estética y quizás con un sentir que ya no es el mismo y entonces resignifico el texto, me dejo sorprender y transportar a otro momento, otro lugar y otro yo. Hasta puedo jugar a retrucarme, desdecirme y replantearme cada idea, cada posición, cada posibilidad. ¿Les ha sucedido?

 ¿Y las cartas?, que triste que ya no nos escribamos cartas, que ya no nos encontremos sobres entre las hojas de un libro que hace mucho tiempo no leemos. Las cartas poseen esa magia de lo que ha sido registrado no solo por lo que se escribe sino porque generalmente llevaban la mágica impronta del puño y letra, esos garabatos que cobraban significado porque provenían de personas que conocíamos de algún modo.

Existen maravillosas colecciones de cartas que se convirtieron en entrañables libros y que nos invitan a descubrir lo íntimo de una relación epistolar en la que cada palabra tiene un peso especial.

Imperdibles las “Cartas de amor a Laura” de Pablo Neruda o “Grandes cartas de amor” de Manuel Do Santo en el que se pueden leer más de 50 cartas escritas por grandes personajes como Napoleón, Mozart, Virginia Wolf o “La última carta de amor” de Jojo Moyes que ahora la pueden ver en película en Netflix, aunque el libro siempre supera a la producción cinematográfica, conmueve desde el inicio hasta el final.

Por eso al releer que escribir es traer al papel aquello que vive en nuestra imaginación también podríamos pensar que en ocasiones es traer al presente lo que estaba guardado en el pasado.

¿Ustedes que traerían al papel?

 

Maruxa

Yo tengo el corazón mirando al Sur

 

Fue así, de pronto, terminaba de narrar unos mini relatos de Mario Benedetti a los que acompañé con las estaciones de Astor Piazolla y no sé si nuestro Río de la Plata al que absurdamente llamamos el charco, creció sobre la Avenida Corrientes y cual leche que se derrama se desplazó desde la costanera hasta Villa Devoto. Lo cierto es que una extraña nostalgia se apoderó de esta pluma de tinta azul, la que elijo cuando hay que escribir desde las entrañas, y sin preámbulos comenzó a resonar en mi cabeza el maravilloso tango de Eladia Blázquez, El corazón al sur.

El corazón al sur, el corazón al sur… Casi como la sístole y la diástole de los llamados porteños las frases repiqueteaban en mi pecho y en mi cabeza, porque yo tengo el corazón mirando al sur, a esta tierra forjada a base de tropezones y caídas, de golpes y contragolpes pero de una extraña fortaleza que nos hace resilientes de la vida.

No sé si la intensa mezcolanza de ADN nos hizo así, algo tangueros, algo gringos, algo aborígenes pero intensos como la misma peste diría mi abuela, caemos y no nos quedamos mirando el suelo porque levantamos la cabeza y allí en nuestro trozo de cielo está ella, la cruz del sur. Está la vastedad de la pampa y el desparpajo de la cordillera y los deltas y los valles y los glaciares imponentes y el faro del fin del mundo y nosotros, los habitantes de este suelo.

Y me invade un sentimiento que en ocasiones siento bastante colectivo, una cálida pertenencia, y ruego porque dejemos de mirar hacia el Norte o hacia el Este y concentremos la mirada al sur, con sus vientos de lucha, su cotidianeidad airada y a veces airosa, con su hacer artesanamente, esa capacidad obrera que heredamos de nuestros abuelos y abuelas, de nuestros ancestros nativos, de los humildes del traste del mundo.

Eladia dice: La dulce fiesta de las cosas más sencillas…

Por eso creo que acá, en este cono de tierra, en este triángulo agudo que apunta al Sur y bien al Sur, las cosas tienen que durar, y nos aferramos como locos desquiciados a los afectos, a las creencias y a las viejas e interminables disputas, porque sólo así nos sentimos vivos.

 

Maruxa

 

 

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar…

 

Así versa Antonio Machado en su poema Cantares, tan sabio y sencillo eso de pasar pero dejando huella, porque de eso se trata vivir.

Me pregunto cuántas huellas errantes y desorientadas vagarán por la tierra, cuántos pasaron casi sin darse cuenta a otros mares, otros cielos, otros bosques u otra nada aunque yo elijo las otras opciones en las que quiero creerlos transitando, pasando, navegando o surcando otros océanos. Es que duele pensarnos tan vulnerables, duele y sin embargo sucede, trasciende, atraviesa, rompe y raja familias, amores, amistades.

¿Cuándo perdimos el rumbo tan descabelladamente? Si lo nuestro es pasar, pero pasar haciendo caminos no destrozos, pasar sembrando mieses no sesgando la tierra, pasar marcando rumbos no consumiendo mundo. Estamos transitando un momento sin retornos, no podemos darle vuelta a lo que hicimos de nuestra casa, nuestro hogar, nuestro mundo, metimos mano en cuanto pudimos sin respeto, sin parámetros, sin otro, para otro, por el otro. Y acá estamos pasando por pasar, comprando por comprar, viendo por ver…

Es hora de reelegir los verbos con los que vamos a escribir nuestra historia, elegir con cuidado cada acción porque la palabra es justamente lo que nos hace diferentes o iguales, lo que nos permite construir o destruir, y ya que el verbo es acción yo elijo mirar en lugar de ver, escuchar en lugar de oír, apapachar en lugar de abrazar, acompañar en lugar de conducir. Crear y creer, soñar y concretar, hacer y sentir, empatizar y proceder, comprometer y cumplir, dejar y partir, PASAR, PASAR HACIENDO CAMINOS, CAMINOS SOBRE LA MAR…

 

 

 

¿Porqué nos marca un libro?

Hace días me ronda esta idea por la cabeza. ¿Por qué deja tanta huella una lectura, un libro, un poema?

Recuerdo que los libros fueron siempre una inmensa compañía para mí, hasta los que debía leer para el colegio fueron consumidos con enorme avidez y quedaban meses circulando por mis estados de ánimo, dibujando pensamientos y reflexiones que aún hoy vuelven a emerger tomándome por sorpresa.

Entre las muchas lecturas que imponía la secundaria estaban las obras de teatro, un género que ha desaparecido casi en la literatura actual. A mí me fascinaba introducirme en aquellas páginas en las que el autor describía el escenario, el ingreso y la salida de los personajes y hasta la intensidad con la que se debían expresar las palabras. Era como si pudiera ingresar en la mente del escritor y desde allí yo espiara con sus propios ojos la historia que se deshilaba acto tras acto.

De las comedias a las tragedias, de la sátira a los dramas pasaban uno tras otro los libros por mis manos, por mi lectura en voz alta, por mi mente inquieta… Hoy recuerdo especialmente aquel libro de Alejandro Casona, Prohibido suicidarse en primavera, quizás por aquello de que el personaje que desencadena la historia, el Doctor Ariel, preocupado porque los miembros mayores de su familia al llegar a la etapa de mayor madurez perdían las ganas de vivir y decidían suicidarse decide estudiar la “psicología de fatalista”.

Me roba una sonrisa recordar esa maravillosa mezcla entre lo trágico de quien se acerca tanto a una salida tan terrible como el hecho de que exista un lugar donde intentar rehabilitar a los pacientes o en el caso de fallar en el intento brindarle los medios necesarios para cumplir su propósito, un juego en los giros de la historia que aparece permanentemente mientras se desarrolla la obra. La humanidad a lo largo de su supuesta evolución se ha debatido una y otra y otra vez entre ambas miradas, la fatalista por un lado o la esperanzadora por el otro, esa dualidad que nos eleva o nos hunde según el momento de nuestras vidas.

¿Será que es la permanente búsqueda del equilibrio lo que nos provoca a levantarnos al día siguiente?, ésta pregunta y otras aparecen desde que recordé este libro y por supuesto no tuve otra alternativa que volverlo a leer. Y es que hay clásicos que no deberíamos olvidar porque ahora que se habla tanto de las emociones, del pensamiento emocional de los seres humanos, es un buen momento para recordar aquellos textos que abordaron desde el teatro aspectos de la vida misma.

Y creo que aquí o allí está la respuesta a la pregunta que inicia esta nota, un libro nos marca cuando nos toca con su tinta y nos despierta a sentir las más variadas emociones, amor, pasión, odio, miedo, angustia, risa, llanto, desolación, esperanza, dudas y certezas.

Los invito a hurgar los clásicos del teatro en castellano y a descubrir cuán actuales son algunas temáticas, se van a sorprender, se los aseguro.

 

PD: Si buscan recomendaciones sólo tienen que hacer un CLICK y dejar su opinión o consulta.

María Julia Rodriguez


Patria y literatura

 Y otro 25 de mayo que atraviesa el tiempo, me pregunto cuánto sabemos a ciencia cierta de nuestra historia tan joven y controvertida. La literatura ha puesto en juego muchas de sus tradiciones, algunas convertidas en leyendas, otras en cuentos, novelas, ensayos. Pero de los libros que han transitado mis manos refiriéndose magníficamente a tramos de nuestro pasado hoy particularmente quiero destacar dos, uno para niñas y niños de 6 años en adelante, Los cuentos de la tía Clementina y otro para jóvenes de hasta los 100 años, Misteriosa Buenos Aires.

Los cuentos de la tía Clementina son una serie de relatos frescos, coloquiales, cargados de rasgos de época y llenos de pequeñas situaciones que describe una nana mulata a su “amita” respondiendo a la interminable curiosidad que le despiertan los hechos de la reciente Buenos Aires. Estas historias se encuentran en el libro de Perla Zelmanovich, Efemérides, entre el mito y la historia. Su desarrollo generalmente parte de una pregunta que instala la niña Eugenia al momento de ir a acostarse e irrumpe en los recuerdos o las observaciones que Clementina tiene de los sucesos.

Cada vez que vuelvo a leer o contar alguna de estas narraciones vago entre la hilaridad del personaje central y las convicciones de una sociedad en plena transformación, muchas veces acosada por intereses extranjeros y siempre objeto de disputa entre los poderosos y los que intentan torcer destinos inexorables de dominación por parte de los poderosos.

En cambio con Misteriosa Buenos Aires de Manuel Mujica Lainez, me sumerjo una y otra vez en los recovecos menos explorados de lo que fue la primera aldea y posteriormente la naciente ciudad de Buenos Aires. Historias inquietantes, pobladas de misterio, magia y sombras que oportunamente ocultan los devenires de una vida por siempre dura, controvertida entre sumisiones y rebeliones, entre tradiciones señoriales y tradiciones primitivas, colmadas de personajes vastos y variados de los interminables estratos sociales que desde los inicios fueron fundantes para lo que hoy somos y no somos como argentinos. Ambos textos son un pequeño aporte para forjar algunos rasgos de identidad argentina en la Buenos Aires antigua, quizás si podemos volar en el tiempo valoremos lo que han hecho nuestros ancestros para forjarnos un porvenir como patria, porque hoy más que nunca deberíamos comprender el alcance de esta palabra como un maravilloso sustantivo colectivo.

Desde el 1500 hasta el 1900 este libro los sorprenderá a cada vuelta de página.

Tengan cuidado de no quedar atrapados entre sus misterios como me ocurrió a mí…

 

 

 

Leer para no morir, leer para vivir o vivir para leer.

 

En tiempos de pandemia cuando parece que todo el mundo tambalea y aquellas certezas que creíamos conquistadas se desvanecen en el aire, nos queda la lectura de un buen libro como recurso tangible.

Me pregunto que sería de aquellos que no suelen acercarse a la lectura si en lugar de una pandemia sanitaria sufriéramos una pandemia tecnológica. Si un virus maligno se colara por las venas de la informática y colapsaran los medios de comunicación. Si Netflix entrara en terapia intensiva y Amazon saturara a bajísima frecuencia. Si las fibras ópticas sufrieran una embolia, si los satélites ingresaran en una zona obstruida por cepas meteóricas y los televidentes además de perder el gusto y el olfato perdieran contacto con las emisoras.

¿Colapsaría la humanidad? Me gusta pensar que si todo esto ocurriera siempre tendremos los libros… Los gloriosos textos impresos, de tapa dura, de tapa blanda, de bolsillo o de edición clásica, los artísticos o los bibliográficos, libros, libros, libros.

Cuando me sumerjo en esta idea se abre una galaxia increíble e imagino a los iletrados descubriendo un universo de historias posibles e imposibles, pensadas e impensadas, listas para ser descubiertas como quien profana un tesoro o una tumba oculta entre las arenas del tiempo.

Así pasarían ante esos ojos ávidos y nuevos, joyas literarias, novelas, policiales, antologías, sagas, cuentos, obras de teatro y muchísimos otros modos posibles de transitar la lectura.

Para quienes quieran explorar este vasto universo van algunas recomendaciones de mi propia bitácora de viaje.

La saga de los confines – Liliana Bodoc

El plan infinito – Isabel Allende

Mujeres de ojos grandes – Ángeles Mastretta

El último encuentro – Sándor Márai

La mujer Habitada – Gioconda Belli

Eragon (La saga) – Christofer Paolini

Doce cuentos peregrinos – Gabriel García Márquez

Dictadoras – Rosa Montero

El corazón helado – Almudena Grandes

Misteriosa Buenos Aires – Manuel Mujica Láinez

Prohibido suicidarse en primavera – Alejandro Casona

La cola de la sirena – Conrado Nalé Roxlo

LA EDUCACIÓN: BIEN, GRACIAS

“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.  Eduardo Galeano

Hoy el interrogante de quienes somos ha tomado unas dimensiones inconmensurables, los argentinos y las argentinas en el día de ayer asistimos a un espectáculo deplorable en el que el desentendimiento, la falta de apertura para analizar más allá de las cifras y la hipocresía nos han dejado al descubierto un país en el que la educación y la salud se ha vuelto objeto de meras estadísticas.

Con asombro hemos sido testigos una vez más del desatino de nuestros gobernantes, toda la ciudad de Buenos Aires en vilo frente a las pantallas esperando la confirmación de si las escuelas de CABA respetaban o no el DNU enunciado por nuestro presidente. Momentos de intensa angustia para las escuelas, sus directivos, sus docentes y sus comunidades, luego de haber elaborado durante el viernes hasta altas horas de la noche herramientas y dispositivos para asumir por dos semanas la virtualidad aparece en los medios la noticia de un posible recurso legal para desandar lo enunciado. Y otra vez podemos hablar de la falta de empatía, de los excavadores de grietas, de los artificios que se utilizan para desarmar, para esgrimir con descaro que lo que se pretende cuidar es la educación, la escuela, las infancias, la cultura.

Ni la más cruenta historia de “Misteriosa Buenos Aires” de Mujica Lainez hubiera perfilado una historia tan desatinada, ni “Los cuento de la Tía Clementina” de Perla Zelmanovich rememorando las interminables desinteligencias de la colonia y sus cinchadas entre variados intereses podrían haber imaginado semejante desafuero.

¿Será que así somos? ¿Qué hacemos para cambiar entonces lo que somos? 

Se llenan la boca hablando de los derechos de los niños y las niñas a la educación y olvidan el concepto fundamental de garantizar la salud y la seguridad de todos y todas.

En esta historia no sucede como en los cuentos de hadas en los que aparece el personaje mágico con la solución inesperada, sin embargo como en los cuentos fantásticos el camino del héroe está lleno de obstáculos para lograr su tarea y cada prueba superada es un aprendizaje que deviene de sus decisiones, que lo cambian, lo modifican y lo construyen como otro sujeto, uno nuevo que surge de su propio accionar. Quiero creer que somos capaces de emprender ese camino con conciencia social, que somos capaces de escribir una historia diferente en la que no primen los intereses económicos ni político partidarios sino los que hacen de este país un lugar deseado para crecer y vivir.

En plena PANDEMIA mundial aquí seguimos lidiando con los ombligos de siempre mientras nuestros docentes esgrimen sus escasas herramientas para enfrentar al temible dragón, y es que nadie se salva solo, para vencer al dragón necesitamos juntarnos y formar una masa de seres humanos conscientes de que sólo venceremos si empujamos todos hacia la misma dirección. 

En lo personal intento hacer para cambiar lo que soy, lucho contra lo injusto, lo precarizador, lo que nos vuelve objetos en lugar de sujetos. Quiero creer que aún tenemos fuerza para hacernos escuchar y exigir que la justicia ejerza las leyes por el bien público, en forma prolija y ecuánime.

Quizás debamos volver a leer “Don Quijote de la mancha” para inspirarnos en las palabras de Miguel de Cervantes: 

Un pueblo que se siente protagonista de su propia acción la avala y se convierte en un verdadero actor de la transformación y el cambio.


¿Qué será de la literatura con el lenguaje inclusivo?

¿Qué será de la literatura con el lenguaje inclusivo?

 

Pareciera que el mundo se ha puesto divisionista, todo puede estar en un lado o el otro de la calle, de un lado o del otro de la justicia, de un lado o del otro de las normas, de un lado o del otro de la vida. Y sin embargo no existe otra verdad posible que la de convivir, o sea vivir-con, pero en ese convivir es necesario respetar, considerar, valorar e incluso generar lo común para ser comunidad sin borrar las diferencias pero permitiendo la equidad.

Y como no puede ser de otro modo, el lenguaje viene a cuestionarnos TODO, ¿Qué pasa con el lenguaje cuando de nombrar un TODO se trata?, ¿A quiénes interpelamos cuando utilizamos el género en una palabra que implica la totalidad de la población?

Todo comenzó mucho antes del uso de la E como propuesta de contener en esa letra a todos los géneros, puedo remontarme a la resistencia en los cambios en la lengua sólo con recordar que todavía hay gente que prefiere decir “La Señora juez” o “La Señora ministro”, en vez de la jueza o la ministra. Aquí en nuestra querida Argentina aún repercuten las voces que debaten si era correcto enunciar como presidenta a quien ocupara ese cargo durante 8 años, ¿Por qué no sostener “la Sra. presidente de los argentinos” en lugar de” la presidenta de los argentinos”? Debo confesar que fue parte de mi debate interno y que aún lo es, como escritora siento tremendo respeto por las palabras, su poder y su impronta en el mensaje a transmitir. Sucede que hablar puede resultar más sostenible pero escribir…

Escribir es inscribir, es grabar en, y eso tiene un peso superlativo. Pero a medida que transcurre el tiempo y que el uso de la E en lugar de la A y la O cobra sentido, las certezas se desdibujan y comienza a palpitarse el lenguaje que va mucho más allá del idioma.

En el discurso de las y los jóvenes aparece la justificación tan clara que nos arrasa, suelen decir: “al cambiar las A y las O por las E ya no necesito suponer que el otro es varón, o mujer o lo que sea, simplemente lo nombro, sin necesidad de identificarlo con un género determinado”.

Sin embargo aparecen posturas un tanto más rígidas que nos indican que el español diferencia entre todos y todas, pero no existe la palabra todes.  Ciertamente no aparece en el idioma pero sí aparece en el lenguaje, entonces, a la hora de nombrar, de escribir, de decir, intentar tapar con un dedo tremendo rayo de sol no sólo es una impronta soberbia, sino que es una tarea imposible. Porque los pueblos hablan, cantan, expresan y cuentan, así ha sido toda la vida y las instituciones parecen olvidar la institución de la voz popular, la que no se acalla sino con dictámenes dictatoriales.

Desde la literatura entonces ¿Cuál debe ser la postura?, ¿Qué hace un autor o autora frente al dilema que se presenta al momento de nombrar una totalidad?, en mi caso digo o escribo: los chicos la mayoría de las veces porque me aferro a que no es por género e incluye a toda la serie de infantes pero luego digo las chicas y los chicos o ¿Me tiro de cabeza a un mar de tinta y escribo les chiques?

Confieso que cada vez que me siento a escribir me paro ante ese dilema, porque una puede elegir cómo escribir pero lo que no puede elegir ya nunca más es decidir cómo se nombra inexorablemente con el lápiz, con tinta, en la computadora o en la Tablet, el vacío en la hoja te interpela ¿Cómo los vas a nombrar?

Más allá de lo que me diga la academia el lenguaje inclusivo no es la única manera de incluir grupos diversos, puedo decir por ejemplo “Las personas que asistieron” en lugar de los asistentes o “la humanidad” en lugar del hombre.

Cada vez más cuando lo pienso siento que el lenguaje inclusivo funciona en gran parte como una marca de identidad, así como algunos grupos se llaman hermanos y hermanas o compañeros y compañeras, quienes se resisten a adoptar una visión binaria del género social, eligen llamarse chiques, amigues o estimades. 

Entonces ¿Qué autoridad tenemos los escritores de literatura a juzgar lo dicho o escrito?, cada cual sabe si su decir incluye realmente o no a todes. Quizás a algunas y algunos nos cueste más escribirlo o decirlo aunque nos sintamos absolutamente inclusivos. 

Sin importar que postura tomes, la forma en la que hablas y la forma en la que ves el mundo están íntimamente relacionadas, porque vemos el mundo a través de las palabras que usamos para describirlo, y quizás para cambiarlo.

 


domingo, 27 de diciembre de 2020

Respiro para respirar

 

Son muchas las veces que me siento frente al teclado con mil y una frustraciones que desesperada vertería sobre la página en blanco, me lo propongo llena de sensaciones encontradas, casi desesperada por intentar comprender lo incomprensible o lo inconmensurable. Sólo rozar el teclado y ya comienza a producirse la alquimia, la transformación de aquello que invade por aquello que busca ser nombrado, entonces, silencio...

Suele suceder que cuando podemos nombrar aquello que nos pasa y traspasa se pierde la impronta de los impulsos desmedidos y la mayoría de las cosas empiezan a encontrar lugares donde posarse, así me sucede muchísimas veces, así me sucedía luego de una sesión de análisis a la que llegaba estallando en llanto con una mezcla de inexplicables contradicciones y por supuesto muchas flechas apuntando hacia algún culpable que me provocaba dolor, incertidumbre, furia, desazón, frustración y otros sentimientos desagradables. Bastaba con escucharme decir aquello para sentir casi lo mismo que les cuento al inicio de esta nota, nombrar los sucesos, descubrirme partícipe de ellos y encima poder "leer" en ese relato cuántas de las emociones eran provocadas por lo que yo esperaba que pasara y no por lo que el otro u otra accionaba comenzaba a diluir el motivo de mi llanto para dejar paso a uno más genuino, más auténtico, más mío y por ende mucho más sanador.

Aferrarme a la vida es en mí casi una necesidad primitiva, y cuando digo esto no hablo de sobrevivir, no, hablo de tomarme desesperadamente de lo vital, lo que construye, lo que me provoca respirar. Respiro cuando enseño, cuando cocino, cuando creo manualidades o artesanías, cuando canto, cuando acuno, cuando reparo cosas y cuando ESCRIBO, aunque a veces al borde de la falta de oxígeno por bailar también respiro. Me considero afortunada, la vida me confrontó de muy pequeña a la energía mortífera de mi madre y eso en lugar de hundirme me provocó patalear para salir a flote, a los tumbos, golpeada y amoratada, ahogada en llanto o en bronca, pero viva, siempre viva para seguir haciendo.

Hoy necesitaba escribir, una frustración estúpida, una desinteligencia, un desencuentro estaba volviéndome amarga, me congelé por un momento como en muchas ocasiones, pero entonces el golpeteo de las yemas de mis dedos contra las teclas de la notebook inició la famosa alquimia de las palabras, nombrar las penas, nombrar las broncas, nombrar lo que nos asusta o nos angustia parece calmar las marejadas de tristeza que me agobian en algunos momentos. Dejar de ver lo que otrx me hace para mirar lo que veo en ese otrx apacigua el ánimo y permite dar paso al pensamiento que propone la acción, así me sucede.

Mi analista muchas veces me dijo que a cada paso lo que hacía la diferencia era la elección que tomaba cada vez, esa capacidad que siempre tenemos a la mano pero que preferimos dejarla en las de otrx para poder continuar mecidos por la queja. 

Entonces intuitivamente me dirijo al diccionario, les confieso que es una práctica maravillosa, y busco antónimos de "queja":

Satisfacción, bienestar, consuelo, diversión, deleite, esperanza. Me quedo aquí y cierro la notebook.

Hasta pronto.


martes, 17 de noviembre de 2020

Docente hasta el final.

Que rabia incontenible, que impotencia, que fuerza visceral sube por mis entrañas cual lava ardiente a punto de generar el estallido de un volcán que lleva años de escuchar cómo se habla y deshabla sobre la carrera docente. 39 años para ser más exacta, empecé el profesorado con mis jóvenes 18 Sra. Soledad Acuña, corría el 1981 y trabajaba de 9 a 17hs.en una oficina del centro, salía de allí corriendo para llegar a horario al Normal N# 3 a la primera cursada del turno vespertino. Toda mi carrera la hice mientras trabajaba 8 horas para ayudar a parar la olla. 
No la cursé por baja cultura, tuve la dicha de ser criada en una familia humilde en extremo de la moneda corriente, pero rebosante de libros  pensamiento e ideales de libertad e igualdad.
Me acunó una abuela que huyó de la  España franquista, me crio un papá que sólo curso hasta segundo grado en Coruña pero que tenía un nivel cultural irrebatible gracias a su capacidad de autodidacta, con un "don de gente" del que Ud. carece irremediablemente.
Siempre supe que quería enseñar, siempre supe que quería escribir , siempre soñé que podría hacer con mis alumnxs un mundo mejor, otra vida posible en la cual el valor estuviera puesto en lo que sabemos hacer y no solamente en lo que certifica un título.
Hoy me pregunto cómo llegó Ud. a ocupar su cargo, si no ama la pregunta incipiente, la duda pugnante, la transgresión del que crea, la pasión y la razón en constante tensión, la lucha constante por los derechos de los sujetos, el poder irrevocable del error, la necesidad constante de la pregunta, la convivencia diaria con la inquietud, las decisiones éticas y políticas cotidianas... Esas que nos invitan a compartir las galletas en una panera para que las "melbas y las rumbas" convivan con las "criollitas y las maná".
Con su corta visión se da el lujo de hablar de lxs docentes denostándonos, generando dudas acerca de las posiciones que debemos tomar ante nuestras grupalidades, chuceando cual opinóloga barata a las familias para que denuncien a aquellos docentes que toman posiciones políticas ante problemáticas o contenidos de la sociedad. 
Me da vergüenza ajena, me indigna, me lastima, pero también me provoca, me subleva, me despierta y me pone en pie de lucha. Cuando quiera la espero, podemos hablar horas de lo que significa la docencia, de quienes la eligen y hacen de ella su razón y modo de vida. 


¡Orgullosamente maestra!

María Julia Rodriguez 

 


domingo, 16 de agosto de 2020

Infancia, niñez

 La infancia no es un lugar, ni un momento, ni una serie de comportamientos, ni puntos que se alcanzan en el desarrollo. La infancia para mí es un estado, un sitio habitable, un mundo de posibles infinitos que tiene un espacio tiempo de resguardo cada sujeto. Cuando nacemos desconocemos ese lugar, pero nuestros adultos cercanos lo empiezan a develar para cada uno de nosotros. Un abrazo, un acune, una nana, unas manos que giran sobre sí mismas, unos ojos que nos miran tratando de descubrir, de traspasar ese cuerpo que nos contiene para dejarse sorprender por lo que habita dentro. Y la magia comienza a despertarse, la inocencia, la sorpresa, la curiosidad infinita mientras exista un posible, las miradas y los gestos constituyen un lenguaje único que se establece en ese mundo co-creado. Luego se suman los otros que comienzan a construir diferentes estancias en ese lugar llamado infancia, y hay cuartos amorosos y otros terroríficos, los hay brillantes e iluminados, los hay oscuros y fríos. Pero la infancia tiene un escudo, una armadura invisible y muchísimo más resistente que ninguna aleación y protege, guarda, conserva, atesora aquellas experiencias que la conectan a lo vital, pulsa en la infancia un corazón incansable. Los que nos decimos adultos creemos que ya hemos pasado por allí y que es parte de nuestra historia, nada más, pero es la mentira existencial más grande sostenida por una cultura que lo impone, yo poseo una maravillosa llave que abre esa armadura llena de abolladuras y marcas, es la que pongo en acción cuando cuento un cuento. Los rostros se suavizan y la comisura de los labios comienza a curvarse acompasando una historia. Todos poseemos una llave para refrescar la infancia de los adultos que nos rodean y todos debiéramos tener siempre presente que los que ya la habitamos somos los responsables de cuidar y proteger ese espacio de cada niño para que tenga el tiempo y las condiciones necesarias para construir la suya, la propia. Yo asumí ese compromiso y convoco a que se sumen, si alguno o alguna olvidó como era utilice su propia llave para ingresar. Ahora que nos toca la tarea de ser guardianes de las de otros y otras niñas utilicemos nuestras estrategias para hacerlo. Cada niño y cada niña posee el derecho de sacar la espada de la piedra, la famosa Excalibur para reinar en su NIÑEZ con libertad y respeto. Conozco muchas mesas redondas en las que caballeros y caballeras se sientan a recordar los preceptos de la tarea, algunos se llaman a si mismo licenciados, maestros, mamás, papas, tías, abuelas, médicos e infinidad de títulos y nombres que se fueron acuñando a lo largo de los siglos, pero creo que en realidad esas mesas están compartidas por sujetos que no olvidaron su infancia y que en su nombre protegen las nuevas con alma y vida. 

Maruxa 

domingo, 29 de marzo de 2020

Un hoy, un encierro.

¡Es que se está muriendo mucha gente!, casi con desesperación me lo dice mi hija mirándome a los ojos en busca de una respuesta que no tengo. Hace ya un tiempo que extendió sus alas fuertes, luminosas, llenas de la quitina que las sostiene, pero hoy con inmensa tristeza las repliega, pareciera que quisiera volver a ser capullo. Capullo de mujer mariposa…
Alrededor pasa de todo y pasa nada, los que seguimos trabajando nos vemos sumergidos en una vorágine de compromisos, cumplir, llegar, pensar, producir, comunicar, conceptualizar ¡¿qué?!
¿Qué apuro tenemos? Nos resistimos a pensar que este no será nunca más un año común, no se puede recuperar este tiempo de encierro, pero puede no ser tiempo perdido.
¿La escuela? ¿el fútbol? ¿Los recitales? no hay objetivos que nos convoquen allí, se ha vuelto objetivo principal la conservación de la vida, la exaltación de la solidaridad, la práctica de la empatía, la comprensión y la lucha y el vecino de enfrente y nuestros hijos e hijas y nuestros viejos y viejas... Despacio, tranquilos, sin apuros, que la que nos corre es la muerte y no la vida.
Momento de resignificar el encuentro, momento de sincronizar con los otros. Como cada noche a las 21hs., esa cita que nos hace estallar en aplausos con un nudo en la garganta y las palmas abiertas para que resuene, para que replique.
La tecnología se ha vuelto un espacio tangible, impacta profundamente "tener una cita" por Meet, por Skype, por video llamada, pedirle ayuda a otro, aunque sea por este medio, escuchar otra voz... Escuchar esa voz, la que oíste en vivo por última vez ya hace más de 8 días.
Perder contacto con la mirada, la expresión del otro, sus guiños personales, esas señas que nos dicen cuánto los conocemos... Se extraña y mucho. Lo espontáneo, lo no pensado, el vuelo colectivo, la risa colectiva, la canción porque sí, esa que irrumpe cuando alguien llega guitarra en mano y de pronto todos estamos cantando.
Se escuchan miles de teorías, los opinólogos de siempre y los recién que están debutando hablan de conspiraciones, de guerras biológicas, de profecías cumplidas. No sé ni me importa si esto fue una conspiración, una prueba macabra de una potencia que pretende exterminar a los más débiles, no me importa porque si así fue algo les falló, salió mal… Sé que es una gran crisis y para muchos de nosotros las crisis en lugar de un tremendo abismo es una tremenda oportunidad de cambiar algo, alguito.
Nunca había hablado con mis vecinos de enfrente y desde mi 8° piso me encontré una mañana hablándoles, dirigiendo mis saludos y mis palabras a su terraza calle Campana por medio. Y deseo con toda el alma, ya no me alcanza desearlo con el cuerpo y la mente, que cuando esto pase recordemos, le demos una patada en el culo a la soberbia, y la mantengamos a raya entre todos, que mantengamos viva la memoria, no somos inmortales, el de al lado importa, si yo vuelo, tú vuelas, si todos volamos somos como las mariposas orando en el aire. 
¿Por qué digo que el vuelo de la mariposa es una oración? Porque cuando las ves volando en bandada tu mente se va con ellas, como cuando elevas una plegaria.
Porque orar es como ausentarse mentalmente y lograr introducirse en lo más hondo de nuestro corazón para que surjan los sentimientos que nos habitan, traerlos al presente, dejar que nos embargue la emoción de cada uno. ¿Importa que oración? Importa que sea colectiva, lo demás es puro misterio…
Sin duda este tiempo será parte de la historia, una historia en la cual artesanalmente fuimos tejiendo puentes... Animemos al otro y como supo cantar  Gustavo Cerati "Usa el amor como un puente"

sábado, 29 de febrero de 2020

Remontar el vuelo


En estos últimos días me levanto pensando sobre lo que me depara cada jornada y noto que algo viene modificándose en mi modo de afrontarlas. Serán los años, serán mis ganas, será el deseo inmenso de aprovechar el tiempo.
Cuando mi vida sufrió un vuelco inesperado creí que no podría levantarme, que me había jugado una mala pasada y que ya nunca volvería a ser igual y por suerte no lo fue, nunca volvió a ser como antes.
Los golpes mas duros también son oportunidades de cambio, de modificaciones y decisiones fundamentales para redirigir nuestros rumbos, modos diferentes de recomenzar el recorrido.
No fue fácil, fueron momentos muy duros, llenos de incertidumbres, pero también de certidumbres, de miedos y de fortalezas. No fue rápido ni inmediato, no fue sencillo ni fue dócilmente, fue trabajo y mas trabajo, sembrar y sembrar, luchar y luchar, contra otros y con otros, conmigo y con mis afectos, descubriendo relaciones que se fortalecieron y otras que se destruyeron.
Fue en esos devenires que me descubrí mujer mariposa y que descubrí cuantas somos volando por este planeta, creo que muy despacio y a golpe de cincel fui tallando otra mujer que, como la escultura en el mármol, ya estaba dentro de la piedra. Cada crecimiento, cada logro tuvo su precio porque aún no sé lograrlo de otra manera, me cuesta, se siguen jugando por allí culpas y repliegues, pero como la utopía mantengo al frente mi horizonte.
Así me encontré con este 2020 y con resistencia a retomar el modo doloroso de aprender empecé a buscar otros. Quizás sea esto lo que sucede cada mañana, quizás sea tener presente que me quiero propiciar días más felices, más llevaderos, más cercanos a lo que me provoca crecer, crear y compartir. Quizás mis 56 años de quinina además de cansancio y dolor en mis alas les hayan dado brillo y destreza en el lugar que antes se alojaba la fortaleza de la juventud. Sea cual fueren las razones agradezco el despertar de mis colores y la brisa de la expertez para remontarme con corrientes cada vez más cálidas.

domingo, 8 de diciembre de 2019

SOLEDAD

...LA SOLEDAD SE HACE CARNE EN MÍ Y LA NOCHE PARECE UN DESIERTO... (1)

Extraños son los modos en los que construimos nuestras soledades, me pregunto en qué momento permití que esto fuera sucediendo, y detesto la respuesta porque claramente soy la artífice de cada segundo de mi vida. Y aún así de lo único que me arrepiento es de haberme perdido durante algunos años, de haber huido cada vez que yo misma me encontraba esperándome detrás de un árbol. Dicen que cada experiencia es una elección y una lección, pues aprendí. A tal punto aprendí que retomé mi pasión por las letras a los 50, que lo que callo lo escribo, que lo que escribo lo leo en voz alta cada vez que puedo, pero que esta moneda gira permanentemente y aún tiene un valor diferente en cada lado.
Si cae de cara me encuentra cantando como antes, como cuando eso era uno de los modos de expresar mis tristezas y alegrías.
Si cae de cara me encuentra escribiendo mundos fantásticos en los cuales existen personajes que nos guían, nos ayudan a recordar que somos seres poderosos, llenos de potenciales. O probando descubrir si lo que ocurre es un sueño o simplemente la realidad que vemos.
Si cae de cara me encuentra proyectando momentos, propuestas, movidas llenas de magia. Y no es que tenga siempre un pensamiento mágico, es que creo en la magia absolutamente aunque otr@s les pongan diferentes nombres porque les da pudor entregarse a ese modo infantil, casi inocente de transitar algunos tiempos vitales.
Pero si cae de seca me encuentra triste por los que ya no están, sobre todo mi viejo y todo lo que quedó por compartir.
Si cae de seca me encuentra rememorando la inmensa apuesta que hice por amor, las renuncias y los esfuerzos por acompañar y por callar lo que no podía dejar de resonar en mis oídos.
Si cae de seca me encuentra recordando la lucha a brazo partido, y no exagero cuando digo partido, que te lo cuenten mis huesos y mi cuerpo adolorido que se encargan de gritar todo aquello que callo.
Si cae de seca me trae el sabor amargo de la traición, del desencanto, de las relaciones que idealicé y que envestí de ropaje imaginado por mí misma. Al fin y al cabo ... "cada uno es lo que es y anda siempre con lo puesto"... (2)  
Si cae de seca veo a la gente indolente mirando lo que otro tiene o no tiene sin siquiera ver lo que dejó en el camino para lograrlo o no, veo a la gente que siempre se pone por delante o que sólo mira el accionar ajeno incapaz de mirarse a sí mismo con honestidad descarnada,
Y así pasan los días con la moneda girando en el aire y en ese girar las caras se mezclan y son sólo una.
Inicié esta reflexión diciendo que son extraños los modos en los que construimos nuestras soledades y aunque me cueste pensar que esta soledad de mujer también la construí, de algún modo así fue. Mucho más allá de un hombre que traicionó mi confianza, que rompió la promesa de no mentir, que no tuvo piedad a la hora de mansillarme y destrozar mi autoestima como mujer, más allá está mi propia traición, esa que me hice cuando dejé de lado TODO por ser para otro y no ser para mí.
De modo que la soledad que se hace carne en mí es la de mi propio alejamiento y es la que convierte la noche y el día en desierto, por eso, casi al final del 2019 me propongo descubrir un oasis en mi desierto y compartirlo con otr@s, dejar de engañarme con la falta de tiempo, buscar el momento y la oportunidad, ejercitar la destreza para que cuando mi moneda gire en el aire, caiga la mayoría de las veces de CARA  a la vida.

¡Desde ahora voy donde me lleven mis pies!

(1) La llave (Abel Pintos)
(2) Sinceramente tuyo (Joan Manuel Serrat)

miércoles, 30 de octubre de 2019

Salimos a tomar las plazas

Desvelada a las 3:53 am, la tinta azul que recorre mis venas casi me obliga a escribir, me grita en cada pulso, me sacude, me inquieta e incomoda hasta que se convierte en palabras y fluye en las teclas de la compu.
Todo empieza cuando irrumpe un  pensamiento, recuerdo de una conversación entre colegas que se proponen este sábado tomar la plaza, tomar el espacio público para hacer públicos sus sueños, sus quehaceres, su modo de marcar con indeleble experiencias en las vidas de los que transitan su lugar de trabajo, su lugar de ser quienes eligieron ser, su lugar de expandir alas de mariposas. En un mundo de tanta apatía permanente, de tanto comercio presente, de tanto transitarlo a cambio de materialidad, de tanto quejarnos de ser un número pero no implicarnos a fondo en dejar de serlo, por mi, por vos, por ellas y ellos cualesquiera que sean.
Vuelvo a pensar en esta movida, en esta provocación de ocupar un espacio físico, un espacio tiempo, un espacio alma con el batir de nuestras alas y pienso desde mi más de medio siglo las ganas que aún tengo de sacudir la apatía porque sí, porque estamos viv@s, porque en mi caso soy esta mujer que además de ser mamá, pareja de alguien, hija, hermana soy una profesional que vive de lo que elige, que forja, que propaga, que se expande en ideas, vivencias, experiencia.
Y en este desvelo de alas de mariposa no puedo dejar de pensar en lo que obtengo a cambio de lo que doy, si por un momento al menos puedo salirme de la lógica impuesta de que todo es a cambio de un tributo económico y puedo valorar aquello que me convierte en "quien soy".
En tiempos de cambios profundos en el cual la quinina de las alas de las mujeres mariposa avienta nuevos perfiles ¿cómo no aprovechar el espacio de vuelo propio? ¿cómo no sentirse totalmente involucrada en lo común de MI comunidad? Orgullosa transito los caminos de mi vida recibiendo en permanente pagos invaluables que ningún economista puede sopesar, ese contrato que renuevo cada año frente a una infancia ávida de saber, de afecto, de horizontes.
Cada vez que suena mi nombre en el patio o pasillo de la escuela, en una esquina, en un local cualquiera, en el recuerdo de algun@ de los que pasaron por mis brazos, mi voz, mi hacer hacer. Cada vez que surge lo espontáneo en un niñ@ que corre a abrazarme, que me sonríe, que me alcanza un dibujo, una carta, una canción... Cada vez crece mi capital, cada vez tomo conciencia de que no sólo mi sueldo llena mi plato de alimento, qué importante fue, es y será compartir con mi familia sanguínea y la de amig@s lo que somos capaces de producir en empatía con l@s otr@s. Al fin y al cabo cuando me toque entregar mis alas lo único que habrá valido la pena serán las horas de vuelo y las rutas elegidas, porque el diseño y color de mis alas no se puede comprar, se obtiene de los espacios recorridos.
Este sábado tomo la plaza con l@s mí@s, para seguir siendo quien soy, para que sig@an siendo quienes son, para disfrutar del vuelo comunitario, para construir legados intangibles para los que padecen la ceguera del materialismo, porque el único capital indestructible, indevaluable, incorruptible es el de lo vivido a conciencia, lo luchado y lo ganado por mostrarnos en nuestro saber hacer con placer.
Este sábado saldré a tomar la plaza con el arte por bandera!

lunes, 15 de julio de 2019

ENTRE UNA ESPAÑA QUE DUERME Y UNA ARGENTINA QUE BOSTEZA

La fisonomía es distinta, las voces que suenan también lo son, la historia y la cultura son referentes para nosotros los argentinos pero la indigencia y la miseria son lo mismo y duelen igual.  Madrid y Barcelona me muestran sus dos caras, cunas de cultura y hoy cuna de tristeza y desarraigos, como en mi tierra circula gente que huyó de sus orígenes en busca de una vida mejor.
Veo gente arrodillada en el suelo con un recipiente en las manos sobre su cabeza pidiendo una limosna allí mismo donde circulan miles de turistas pasando las vidrieras más lujosas de las marcas más reconocidas en el mundo. Aquí una mujer durmiendo bajo el techo de un escaparate, allí un anciano arrebujado en el portal de un edificio y la pobreza y la desigualdad imperando monstruosa e imbatible ante la indiferencia de los que gobiernan en cualquier lugar del mundo.
Duele pensar que la marca que se ha hecho icono de la moda en España me lleve a  pensar cuánto hay de desigualdad en el mundo actual en el que las comunicaciones vuelan instantáneamente.
Sin duda estamos ante una sociedad que consume hasta estas imágenes sin implicarse profundamente con lo que nos enrostran, como si también fuera moda poner en tu muro una foto de la pobreza y la miseria de humanidad en la que nos hemos convertido.
España es un país como muchos otros, ubicado en la vieja Europa que ha atravesado cruentas experiencias de guerra y muerte y aún así duele esta otra realidad. Aquí y allá habrá que abrir la mente para pensar como lograr un mundo más equitativo. Amo a mis dos tierras, la que me crió y la que me dejaron por herencia, sueño con otro futuro posible y tomo absoluta conciencia de que de mí depende la porción de país que habito y desarrollo.

viernes, 28 de junio de 2019

Fui a buscarte y allí estabas.

Fueron 10.033 km. de vuelo para llegar a buscarte, exactos los kilómetros que separan mi Buenos Aires de tu Coruña amada. No más pisar este suelo un enorme tirón surgió de la tierra y se coló por toda mi columna vertebral y la quinina de mis alas se reforzó en cada centímetro y un color nuevo creció de adentro hacia afuera.
Fue increíble sentirte en mis huesos, ni bien ví el mar verde esmeralda y el permanente vuelo de gaviotas empecé a recordar, como si hubiera pertenecido a este paisaje desde siempre, como cada cuento de la abuela, como cada anécdota de tus travesuras, como cada sonido, olor, sabor, roce del viento.
También empecé a entender el dolor, la morriña, as saudades, ¿quién podría dejar estos colores tan fácilmente y desapegarse de este paisaje?, aquí dejaste mucho mucho, los huesos de tu padre aunque no supieses dónde estaban, dos hermanas, sobrinos y sobrinas y tu esencia.
La abuela tuvo miedo de esa España tan exultante, tan dura aún, tan intransigente y vos tan joven, tan apasionado, tan inquieto, tan curioso y necesitado de verdades que nunca llegan, y te sacó de aquí sin más, con ese instinto protector, madraza inmensa.
Loba dolorida, a pesar de haber encontrado cierta estabilidad económica, laboral, no le iban a arrebatar otro Jaime, NO!

Pareciera que sólo los que vivimos en Argentina poseemos esta perspectiva, porque de algún modo padecimos el desarraigo de los nuestros, nuestras primas y primos de aquí no lo sienten tan en carne viva, pero yo te ví llorar muchas veces, ¡te ví!.
Por eso danzamos al compás de las jotas y las muiñeiras, por eso crecimos entre alalás e cántigas, por eso a pesar de no hablar claramente el gallego lo comprendemos desde las entrañas. Aquel año en el que traían la noticia de que tenías pasaje pago para volver vos te habías dormido para siempre, ella llegaba de Coruña con la buena nueva y se encontró el mismo día con la triste nueva, así es la vida, así fue la tuya, llena de jugarretas del destino.
Pasaron 10 años más, despedimos tu cuerpo con fuego y arrojamos las cenizas al río con la esperanza aquella de que todos los ríos van a parar al mar y el inmediato entre ambos continentes es el Atlántico, así que soñamos que llegarías. Y lo hiciste, estoy segura, hoy puedo caminar estas Rúas y cada paso es una punzada intensa mezcla agridulce que me recuerda que estoy viva, cada gaviota es mía y me lleva a volar sobre el mar que acaricia estas costas, cada raiola entre las bretemas es un saludo tuyo que me dice que ya estás aquí, que no te busque más, que llegaste bien y por fin te quedaste para esperarnos de este lado del océano, a mí, luego a mis hermanas y seguramente a tus nietas y nieto que vendrán oportunamente a verte. También haces travesuras volando con Pedro Chusco y de hecho me han dejado atados al pie de mi cama sueños maravillosos, Gracias.
Claramente el amor vence a la muerte de muchas formas, ahora lo entiendo.
He visto tu torre de Hércules y he tocado sus muros, conmociones que sacuden y es que sólo las y los que somos hijas e hijos de la morriña podemos entenderlo, llevamos la gaita como fuelle en el pecho y lo celta como células que flotan en cada centímetro de nuestra sangre.

La Coruña es como decías, una ciudad en la que nadie es forastero y donde las cosas tienen alma.